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jueves, 25 de octubre de 2012

Vagas letras

Vagas letras
 


Traigo la voluntad, la verdadera manifestacion de lucha. Aquel pueblo que conocí perdido bajo el sol, ahí a mi lado donde yacen juntos los vapores lacustres y los chillones cardenales. Imagino sólo eso lo hago bien, las mañanas que pude haber recorrido tus calles envejeciendo, dando sudor a las gotas que recorren la piel y nunca despiertan atención alguna. Mas aquellas aventuras tendrán un espacio desierto
donde ensayo eso tan inocente de la infancia. Si estuvieras te diría que nunca cambié de idea siempre descompuse ilusiones en colores invisibles de nuestro espectro. Me aburre tu desmedida silueta, te confunden los alaridos . Cercenando tanto una colmena, he escuchado la voz de mi máma vieja, decía algo así como-pelotudo sos, chamigo. Ahora se caen los gauchos, no tienen cavida. Mañana llevaré todo el bagaje
que pesa de tantas siestas aturdidas con el taladro periabdominal de las estrepitosas chicharras. Confío en todo lo que rozó y recorrió el eter espectral donde reside mi corazón lleno de desaciertos y venas contentas. Dios como deseo la paz. Avisame vos pombero, si te fallé perdón te pido. Son feroces y elocuentes los gritos del carayá, mantengo toda mi admiración en él. Retarden la edad del mas allá hacia donde vamos,es decir, porque en el viaje de vuelta yo me bajo antes. Me quedaron algunos esbozos, ridículos mis movimientos, demasiados torpes e ingenuos. Quisiera desvanecer y ser eyectado al cosmos, hay cientos de sensaciones ocultas por aquellos lados. Señor usted saco leña del fuego ajeno. Cuándo aprenderemos que el tiempo delata hasta al más bravo. Mi lugar está donde llega la resolana y me hacen sonar los tímpanos los fenómenos acústicos y dulces del tordo, negro él, con una vasta honestidad que deja aturdido mi introvertido mundo. Reta la jeta del sapucai limpio saliendo del buche del colorado Retamoso.

Dame una oportunidad, sacame del vulgo y llevame a recorrer tus espigas así devuelvo el oro al río, esto me acerca todavía más al tangente que linda con Su majestad. Los ecos que espero son certeros, dan justo, cuando la autonomía física se lo permite. Te he evitado toda mi vida, igual desafío toda tu mala fé, alguien preguntaba si ese bastardo, valía por su brillo; no él solo escala arrastrando sus uñas.
Me ves involucrado juzgando raros sentimientos ajenos, los escucho desplomarse cerca, esos seres tan desnudos sacian la vista. Mientras aparecen sensibles instintos, hecho a perder lo conciente, a lo sumo no duermo, huyo. Vislumbrando el horizonte, distraído en los reflejos irisdicentes de la orilla, las piernas de una joven revocadas, en parte, en ricas arcillas, culpan mi pecaminosa mirada.
El abismo declina hacia ciertas enseñanzas portadoras de buena fe y subestimadas desde los principios. Desvariando la voz comparto vicisitudes, dejando de pretender que el humo te aleje. En aquella oportunidad dejé libre mi promesa. Hidrato mi pellejo ante la insolente presencia del manduré cuchara.
Trato de violentar la seguridad de sus desfasados consejos. Algo del canoero escapa de las manos, el calor fue cómplice y su gurí testigo.
Lo podrido ciñe esta atmósfera pero no le procura luz, pues lo sapropélico de sus sonrisas dejan vano manto de imposibilidades. Me sacudieron, mas yo seguí provocando extrañas calicatas de saliva fluyendo en gravas poco consolidadas. Me encuentro sentado maquinando sobre aquél ángel, espectro natural, amigo y matero; alguna vez sofocó sus pulmones en el vaho del aguacero.
Inmiscible la ira persigue y concentra blasfemia, orgullos proyectados se notan imposible de dar con ellos. De hecho no conoceremos veredicto alguno.
  Inmerso en la tempestuosa impronta, rozando la corteza desperté alguna especie de resentimiento, la tarde vuelve a azotar. Ayer caí en la rara sensación de que registraba la esencia de su incipiente alma. -Nadie vió pregunté, al agudo suspiro del cuatrero, mientras los carachai, furiosos alados; comienzan a intimidarme.
Fundamento vastas añoranzas escrudiñando las maderas astilladas de tan sublime canoa, me vienen recuerdos del boludo de mi patrón.
Ayer he salido tan desesperado, se me borraron tus ojos de colores difíciles. Me di el espinazo contra la banqueta del calabozo, al gordo lo tengo entre cejas, me delató de puro guampudo nomás.
 Con mucha esperanza se relamía mi cumpa incondicional, servil criatura de dios, menudo perro si los hay. Cada tanto entro al monte vacilando, por las tardes desconfío,  cuando duelen los cayos no han de entrar las espinas. Ataqué la olla parece que no todo se sufre hermano, el espinel me baja del pensamiento, pego vuelta . El vino es para la noche y sus piernas para mis manos.
Quema los cachetes el resplandor  , me viene en mente miles de caras, lamento el reflejo me quita severamente tu humanidad. 



 
G.F.
 
El reflejo satisfacía cruelmente tus retinas en ruinas, desnudaba un poco el sacrificio de llorar. Hace bastante se mantienen desafiantes aquellas proverbiales manifestaciones, dan vuelta pero nunca estallan. Te contiene la ira, no merece revindicación alguna. Bardas hacen de paredes donde no fluye materia, no es posible esperar el evento pues salvaje será el tiempo, tiene retorno mas no mires en esa dirección te lo pido por favor.
 Ridículas y tormentosas vociferaciones, impresionan el oído ajeno, sólo tienen correspondencia en el campo sonoro. Rastros quedan, cepillé tanto que se confundieron fósiles recuerdos casi interpelando al más idiota de sus  comentarios. Vértebras hallo al vislumbrar ciertos espectros inquietos, ceden calores del que se desconocen sus orígenes. En esta tarde violeta bajo ninguna circunstancia se divisan aquellos dudosos gases enrarecidos. Son los vestigos ancestro-biológicos, con variadas emanaciones causaban sonrisas superadas. Brillan atravesando el ozono, saturando la plenitud, sin embargo cantaban agóricamente perplejos ante los majestuosos Moros.
 Yace todavía la oportunidad -que confieso haberla eventualmente eludido- registrando decenas de bellas criaturas interesadas. Casi burdamente he librado  conflicto conmigo mismo, no logro acallarme, sino fuera por orgullo propio la actitud tomaría el mando y en esas instancias estoy agonizando. Buscan desdeñar la escencia de la mecánica criteriosa, perdura girando Saturno, es su radio-luz la que nos deleita.
  Reconocen diestramente tus papilas las decepciones acometidas manteniendo un circuito que desviará todo pronóstico férreamente sostenido. Deshago mi posición con vuestro permiso, si esquivo tu incipiente voluntad no desalientes el vigoroso poder del advenimiento. Ese contenido anatómico, detona dislocando atariadas presencias vespertinas, conduce al manto dentro de la fusionada masa fluyente. La maravillosa decencia potencia inexorablemente tu vulnerabilidad. En cuanto sentí el corcoveo salí disparado mis primeras impresiones dieron justo entre cavidadades recónditas, es decir, creo que colisioné con tus pensamientos.
 Bajo el pan tengo los brazos, de tal modo que invierta mi natural polaridad. Ese instante quedó fisurando refusilos desde este lado me siento casi culpable, ya en horas de la tarde, ya en antaño. Se colapsa toda la materia sustraída, arrastrando vientos que barren a aquellos torpes mortales, sometiendo al rey tiempo.
  Sólo con el hecho de percibir diestramente el brillo supuse un trillón de coincidencias, de modo que no escatimo  en vulgaridades. Vanidosa tu religión se autodepura sembrando el caos, de ahí jamás escapará luz alguna.
 Ahondar en tribiales dogmas desestima la transversalidad del cuento, se miran boquiabiertos desconociendo la vehemente ira irradiada desde los estupores, perceverando hostiles conjeturas, como si eso destronara y despeinara la melena del respetadísimo felino. He aquí, todas las dudas recaen en desmedro suyo, rápidamente giró el piso, le pegó duro justo en su cien, la pierna no respondió al nervio, su hora acabó por levitarlo. Dicen los testimonios que fue una elegante presencia, no titubeaba, todo retardaba y lastimaba cuan confundida alma.
 Salieron desencajados, enmarañados, colores berretas pienso, así doy contra el orgullo comunista, fascinantes y dóciles caretas adhieromé. Espeso el maldito guiso atrapa parte del rostro mío y cede su calor como si su propiedad termofísica desoyera mis absurdas súplicas.






 
GF
 
 
 
 
 
 
 
 

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